De una bodega olvidada a un pequeño bosque para jugar

Casi todos los desarrollos tienen una bodega que termina guardando lo que nadie sabe dónde poner. En este caso, era el lugar donde se acumulaban juegos donados por distintos residentes, sin orden ni un concepto que los uniera. Lo transformamos en una ludoteca pensada para las familias del residencial.

Mucho juego en 3.6 × 2 m

En solo 3.6 m por 2 m y 2.4 m de altura, cada centímetro trabaja. La pieza principal es una casita de juego de madera con arcos, muro de escalada, red, resbaladilla y un mirador, pero el juego no termina ahí:

  • Los cubos inferiores de la casita son espacios de actividad, con mesas de manualidades.

  • Una pequeña sección de cocina, mercado y arte para el juego simbólico y la creatividad.

  • Una consola adaptada para colocar una televisión, con dos puffs y una consola de videojuegos, para que los niños tengan también un rincón de descanso.

Un bosque dentro del residencial

Para darle identidad, la casita y el techo se decoraron con una temática de bosque, con copas de árboles suspendidas y ramas en los costados, que dialoga con el nombre del residencial. Así, la ludoteca se siente como un lugar con historia propia y no como un cuarto de juguetes.

Una bodega que ahora es amenidad

Un espacio que solo almacenaba objetos es hoy un lugar con vida, donde los niños se mueven, crean, cocinan, pintan y descansan. Para el residencial significa una amenidad nueva sin necesidad de construir más, un espacio ordenado y seguro, y un motivo más para que las familias se sientan orgullosas de donde viven.

No es una bodega con juguetes. Es un bosque pequeño donde los niños quieren quedarse.

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