De una ludoteca desgastada a una ciudad en la playa
Toda ludoteca llega un momento en que el tiempo le pasa factura, más si estás en uno de los salones de fiestas más visitados de la CDMX. Esta ya estaba muy vieja y necesitaba algo más que una manita de gas: necesitaba una idea nueva. La rediseñamos por completo para convertirla en un destino que los niños piden volver a visitar.
Una ciudad en la playa, en solo 8 × 8 m
En un espacio de 8 m por 8 m y 2.4 m de altura creamos un pequeño mundo temático, pensado para que los niños exploren, imaginen y jueguen en grupo:
Caseta de salvavidas.
Alberca de pelotas.
Casitas de juego simbólico: súper, hospital, karaoke, disfraces y más.
Una van para tomarse fotos tematizadas.
Un barco pirata como pieza central, con muro de escalada y resbaladilla.
Cada rincón tiene su propio juego
Cada casita ofrece una actividad distinta. Los niños pasan de ser cajeros a doctores, de cantantes a piratas, sin aburrirse y sin que el espacio se sienta saturado. Hay juego para el que quiere moverse, para el que quiere imaginar y para el que prefiere jugar acompañado.
Un espacio que se cuenta solo
El barco pirata es el ancla visual del proyecto y la van es el lugar donde los papás toman sus fotos, que luego comparten. Son detalles que hacen que la ludoteca se recomiende sola y refuercen la identidad del lugar.
El resultado
Una ludoteca renovada que aprovecha cada metro, ofrece más variedad de juego y le da al desarrollo una propuesta más atractiva, más fotografiable y más cuidada para las familias que lo acuden al salón de fiestas.
No es una ludoteca más. Es una ciudad entera en la que caben todas las aventuras.