De un salón subutilizado a el punto de encuentro de las familias
Todo desarrollo tiene espacios que no rinden lo que podrían. En este caso, una zona del salón de fiestas que permanecía desaprovechada, un rincón "muerto" que solo cobraba vida en eventos ocasionales. Lo convertimos en un espacio vivo todos los días.
Un juego de dos niveles diseñado a la medida
Diseñamos una casita de juego de dos niveles, de 10 m de largo por 5 m de ancho y 4 m de altura, que aprovecha al máximo el volumen del espacio. Integra todo lo que los niños necesitan para jugar, explorar y usar la imaginación:
Torres y ventanas en arco con detalles en colores pastel.
Tobogán en espiral de acabado brillante.
Red de escalada y escalera con rampa acolchada.
Zonas de juego simbólico: Market, Coffee, Vet y Construction.
Avión de madera y rincones para jugar en grupo o en solitario.
Visible desde la calle, imposible de ignorar
El diseño es un escaparate en sí mismo. Desde la calle se aprecia su arquitectura, su color y su escala, y eso lo convierte en un imán para familias con hijos pequeños. Un espacio que invita a entrar, que genera conversación y que posiciona al desarrollo como un lugar pensado para la vida familiar.
Seguro, cerrado y pensado también para los papás
El área quedará completamente cerrada con muros de tablaroca, lo que da a los niños un entorno controlado y a los papás la tranquilidad de verlos jugar sin distracciones. Además, contará con un área de descanso para que los adultos puedan sentarse, convivir y acompañar a sus hijos en el mismo espacio, sin tener que elegir entre estar cerca y estar cómodos.
El resultado
Un metro cuadrado que antes no generaba valor ahora se transforma en un diferenciador: mayor atractivo para familias, más uso cotidiano de las instalaciones y una propuesta distintiva que el desarrollo puede mostrar con orgullo.
No es un salón de juegos más. Es el lugar donde las familias se quedan.